La revelación de que nuestra historia es una “obra en marcha” es una noticia alentadora, ya que nos da la posibilidad de liberarnos de la tiranía de nuestras narrativas establecidas.

El pensamiento narrativo no cuestiona la autenticidad del hecho narrado, del pasado, sino que se concentra en la forma que hemos elegido narrarlo. Esa forma, esa narrativa, es la que dota de sentido la experiencia y la integra dentro del marco más amplio de nuestra organización narrativa actual.

Ejemplo:

1. “Mis padres estuvieron ausentes durante gran parte de mi infancia. Estaban demasiado ocupados trabajando”

2. “Como mis padres no estaban en casa, yo pasaba largos ratos en lo de mi amiga Rita. Ella me enseñó a montar en bicicleta.”

bicicletaLos padres son los protagonistas de la narrativa 1, la narradora es un sujeto pasivo. Nos la imaginamos sola en casa, observando el reloj, contando los minutos que faltan hasta el regreso de papá y mamá.
En la narrativa 2, ella es la protagonista y resulta que mientras sus padres estaban ausentes, visitaba a su amiga Rita y aprendía a montar en bicicleta. ¡Y seguro que se divertía un montón!

La ausencia de los padres, un evento en la realidad, puede devenir en dos narrativas completamente distintas, colocando a la narradora en diferentes posicionamientos con respecto al mismo. La elección de narrar de una forma u otra dependerá de su intención en el momento actual de la narración.